lunes, 14 de abril de 2008

Beso en prosa

Un escalofrío recorrió su espalda cuando por fin se unieron. Eran uno. Lo eran todo y nada. El tiempo pareció detenerse para ellos, por ellos. Bebió de sus labios con pasión acelerada, con deseo. Lágrimas saladas daban al beso un sabor del verano pasado, de una visita efímera, de un amor que creyó no volver a ver. El pelo sedoso se enredaba con facilidad en sus dedos, como hilos de oro que pendían de una muñeca de porcelana de ojos esmeralda y labios de fresa, frágil, hermosa, que en cualquier momento se puede escapar. Ella respondía al beso. Sus lenguas chocaban en sus bocas, desenfrenadas, deseosas de algo más. Sentían el viento rozando su piel, arrastrando granos de arena, polvo, humo y aromas desconocidos. Madrid se postraba a sus pies y les ofrecía el mundo. Cayeron lentamente hacia la mullida alfombra verde del Retiro mientras sus labios perezosamente se separaban. El tiempo volvió a su curso.

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