Sentado frente al ordenador, sin saber muy bien qué hacer. Puedo ponerme una película, pero sería la segunda esta tarde; puedo ponerme una serie, pero ya he agotado los capítulos que me faltaban por ver; puedo ponerme a leer, pero el libro que me interesa todavía no lo he conseguido; finalmente, puedo escribir. Y puedo escribir sobre esa sensación que ahora me invade, y que cada vez más frecuentemente se hace paso a través de mis entrañas hasta llegar al mismo corazón. No puedo definirla con un nombre; sé que tiene parte de soledad, sé que en parte es tristeza… pero va más allá. Es esa sensación cuando alguien a quien quieres no coge el teléfono ni responde a tus llamadas, esa sensación cuando alguien no te avisa de alguna fiesta, esa sensación cuando… cuando no te sientes querido.
Afortunadamente sé que es una sensación subjetiva y pasajera, asociada a un pequeño bache que tengo que superar. Pero algo anda mal. Algo anda realmente mal cuando esta sensación es cada vez más frecuente.
Tal vez la respuesta la encuentre aquí, en estas palabras digitales, en una escritura fútil. O tal vez la respuesta, como diría el agente Mulder, esté “ahí fuera”.
¡Pero no todo son malas noticias! Si algo bueno tiene esta sensación es que te enseña que el mundo continúa girando pese a cómo te encuentres tú, la vida sigue.
Ni tengo una enfermedad terminal ni tengo tantos problemas que no puedo con mi alma; pero soy una persona depresiva, ciclotímica que la llaman, y en este momento me siento así. No es culpa de nadie, sólo mía. Pero bueno, quizás ahora me ponga a hacer cosas que he planificado y aun así llevo atrasadas.
Un saludo
sábado, 15 de octubre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
¿Y después...?
Buenas, queridos lectores (si es que todavía queda alguno por ahí)
Tenía yo muy olvidado este blog, la verdad, y me arrepiento de ello. Hoy mismo me he acordado de él y me ha dado por leer las últimas entradas... ¡y vaya entradas! Sí señor, es lo que pasa cuando una persona como yo, ciclotímica y extraordinariamente perturbada sufre lo que se suelen llamar "contrariedades"; vamos, una serie de catastróficas desdichas. Pero a día de hoy estoy más estable, más feliz. Sigo con demasiadas cosas en la cabeza y sigo con mis eternas dudas acerca de absolutamente todo, pero he encontrado cierta estabilidad, lo que me da seguridad para afrontar el futuro. Sin embargo, también me asusta. ¿Qué pasará en el momento en el que esta estabilidad desaparezca? ¿Me habré acostumbrado demasiado a ella y me tambalearé como un borracho en la cuerda floja? Temo la llegada de ese día, porque casi con toda probabilidad me derrumbe, y la "fortaleza" de la cual ahora hago cierta gala se desvanecerá, sucumbiendo a la más tenebrosa de las oscuridades de mi ya oscuro corazón. O tal vez salga de esa felicidad momentánea como una versión mejorada de mí mismo. O simplemente salga otro juguete roto que arreglar. Lo cierto es que no tengo ni la más remota idea de lo que me depara el futuro, y como siempre, no sé lo que siento ni lo que debo sentir; porque, ¿acaso es normal tener miedo en mi situación? ¿O es más normal sentirse perfectamente seguro?
Lo único que sé es que lo que debería hacer es limitarme a disfrutar de lo que se me presenta día a día...porque eso es lo único seguro y lo único real, lo único que no me hace plantearme mil dudas: el presente, el segundo en el que vivo, el minuto que consumo, la hora que me acerca cada vez de manera más certera a la muerte, esa última barrera que sortear.
¿Y después qué?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
