
Brillantes rubíes
preciados como el oro;
se acercan, se mueven,
buscan lo que todos.
Buscan a otros,
buscan semejantes
para no sentirse solos...
pobres almas errantes.
Y cuando por fin lo hacen
chocan indecisos,
y rozan el cielo,
y rozan el Olimpo.
Y en su interior
un fuego se rebela;
se arremolina defensivo,
atacante y centinela.
Aspira el uno
un afresado aroma;
y bebe el otro
las mieles de su victoria.
El tiempo se detuvo
en un beso eterno.
¡Oh! Petalos de rosa...
cómo anhelo teneros.

2 comentarios:
querido amigo:
Sé tú bienvenido a Blogspot,
espero que nos deleites con finas poesías y nos amenices con sutiles melodías.
Te visitaré a menudo, en busca de una obra magistral en verso.
Ya sabes donde encontrarme:
www.esperandoaqueamanezca.blogspot.com
Saludos "Xurro", Irene.
Esta bien la poesia, no es q sea muy asiduo de estas pero las q estan bien, estan bien ^^
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